RELATOS
“...en los hoteles los clientes ruidosos que llegan con sus
portamantas piden una ensalada, negligentes...
sin pensar que exigen a la Madre Tierra su frescor y sus hijos
primeros, las primeras verdes palabras que ella dice...”
(Fernando Pessoa)
Saber quiénes somos, es un camino que debemos transitar como pueblo. Más difícil es aún para una zona de fronteras, que a la vez fue territorio de paso para muchas culturas desde tiempos milenarios. Pero podríamos bien dejar de lado el conocimiento que tenemos de los tiempos antiguos, de cómo nos fuimos haciendo y mirarnos ahora en el espejo. Cosa harto difícil, porque ¿cuántas veces vemos en el espejo lo que creemos que somos, en vez de a nosotros mismos? ¿Y cuánto hay en lo que vemos de lo que se ha dicho de nosotros, de las opiniones y prejuicios que hay sobre nuestra cultura?
Este trabajo nos dará dos oportunidades de acercarnos a nosotros mismos. Lo más importante en él, son los testimonios que los alumnos han recogido de sus vecinos. Antes, creemos necesario decir unas palabras. Sin duda, una de las costumbres que más nos caracteriza a los quebradeños es el culto a la Pachamama. Esto es, que al primer vistazo que echamos para saber quiénes somos, descubrimos que la respuesta podemos hallarla bajo nuestros propios pies. Por eso elegimos, para encabezar esta presentación, la definición de un religioso japonés que dice que: “Sin lo real, no hay verdadera religión.” Es que el principal culto que nos legaron nuestros ancestros, es el de la misma tierra que pisamos, de la que nosotros somos, como le decía la madre a un coplero tilcareño, “los piojos en la cabeza de un perro”.
Cuando los alumnos debieron escribir unas líneas sobre los testimonios que recogieron, también reflejaron su propia experiencia, identificando el culto a la Pachamama con la Pachamama misma. Los más, al hablar de la Pachamama, pasaron directamente a describir el ritual, y los pocos que intentaron definirla, lo hicieron explicando su traducción al castellano: Madre Tierra. Y no se trata de un error, como tampoco lo es el de designar con el mismo nombre el lugar donde se lleva a cabo el rito. Pachamama es tanto la Madre Tierra, el acto de chayarla y el lugar donde se lo hace.
Y esto querrá decir que la Pachamama no es, como tantas deidades de otros credos, sólo la misma Tierra, sino nuestra relación con ella. Valga este dato para empezar a vernos mejor: somos seres cuyo principal culto es el que refleja la relación con el lugar donde vivimos y que nos da de comer. Nuestro principal interés no va a ser el ver los orígenes de este culto, para lo cual hay harta bibliografía, sino cómo lo sentimos y vivimos nosotros, aquí y ahora. Toda el área cultural andina, a la que pertenecemos, venera a la Pachamama de diversas maneras, aunque con no pocas cosas en común. La Pachamama, su persona y su culto, tienen una realidad hoy, a la que no le es ajena la diversidad de culturas que compusieron el Incario, ni la misma evangelización cristiana, sobre todo en lo referido al culto católico a la Virgen María.
Y esto sucede porque los hombres nos hemos ido modificando, y esto no podía sino modificar nuestra relación con la Tierra en la que vivimos. Tratará pues, este texto, de la forma en que hoy veneramos los quebradeños a la Madre Tierra. Hay algo que no se nos puede escapar: en todos los testimonios se compara el culto presente con otro, presumiblemente más puro, que practicaban los abuelos. No ponemos en duda esta afirmación. Sin embargo, vamos a entenderlo como otra de las características de la imagen en el espejo en el que nos estamos mirando: solemos creer que el presente es siempre una forma degradada de lo que fuimos.
Muchos testimonios nos hablan de que hasta un pasado no muy lejano, nuestros abuelos debían realizar sus cultos a escondidas. Esa fue la educación recibida, que decía que nuestra cultura no era cultura, y que para ser cultos había que adoptar culturas ajenas. Hace ya tiempo que los quebradeños estamos empezando a sentirnos orgullosos de ser quienes somos, y tal vez nos sorprenda que por este hecho vayamos recuperando nuestros rituales en su más profundo sentido. La segunda forma que, en este trabajo bajo escrito con las riquezas e inteligencias de nuestra lengua oral, con sus arcaísmos, quichuismos y peculiaridades de un pueblo en gran parte agrario. Vernos en nuestra forma de hablar, significó entonces mostrarnos tal cual somos, y a la vez, mostrarnos en nuestra mayor belleza.
En el Taller de Producción Literaria, hemos visto con los alumnos la influencia que tiene el entrevistador sobre los relatos. Aunque no vayamos aquí a demorarnos mucho en el tema, resulta interesante ver que los alumnos han dejado de lado temas aparentemente obvios, sobre todo comparados con testimonios afines tomados por antropólogos. Además de las técnicas y del oficio de estos últimos, del que carecen nuestros recopiladores, hay otro factor en el que queremos hacer hincapié: se trata de testimonios brindados por quebradeños para quebradeños.
Es difícil para alguien que ha nacido y se ha criado en el lugar, tomar la distancia necesaria para tener una perspectiva completa del tema. Pero el estar involucrados sentimentalmente dio a este trabajo una serie de matices que incluyen la respetuosa confianza entre el entrevistador y el entrevistado. Esperamos aportar a que sepamos quiénes somos y devolverle a la comunidad, en estas páginas, la comunicación de los saberes que se han recogido, con la seguridad de haberlos tratado con el mayor respeto que nos fuera posible.
