Anécdotas
LOS MINEROS Y EL TIO
Relato de don Domingo Vilte, 67 años de edad, trabajador rural, albañil, vive en Tilcara. Entrevistadora: Angélica del Valle Machaca.
...El señor, bueno, le ha dicho «¿con qué arma querés que pelée?», «A puño limpio», ha dicho y el señor tenía el hacha nada más y no tenía más nada. Eso era el Tío, eso ha pasado en nivel uno. Ese era el Tío, a un tal Jiménez que ha muerto ya. Más o menos habrá peleado a las diez de la mañana hasta las doce del día, la hora de salir. ¡Dicen que han peleado...!, el hombre era bien fortachudo, bien gordo, bien alto, y no le ha podido ganar al otro. Y el otro, al más niño le quería tirar a la chimenea dice, y el no ha podío, no lo ha podío. No lo ha podío encontrar, lejos, cuando lo ha salío a buscar, cuando ha ido haciendo luz, ya alumbrando otros con lámpara para que se vengan al morral, lo han encontrao tirao, tirau, tirau, ¡desmayado! Y después no ha podío hablar dice, no ha podío hablar y ha empezao a cambiar la voz, ha empezao a trastornarse el hombre y lo han llevado al hospital y se iba disparando, se iba disparando. Dice que ha dicho que él ha peleao adentro del socavón. Y ahí lo tenían atado a la cama, lo tenían, así empezaba a delirear el hombre… Inmediatamente lo han indemnizao, que se vaya a Miyuyoc, a
Abralaite era el señor, ya trastornao el hombre, trastornao. Dice que lo ataban a la cama, a veces se sacaba de la cama se había ido así. Con la fuerza que tenía, trastornao y después no sé. ¿Le habrán hecho curar, así con médicos
del lugar, así? Y ha sanao, pero al hombrecito se le ha empezao a criar así como se le crían a los camellos aquí,
en la espalda empezó a salir un, qué sé yo, como un asta en la espalda, y así andaba el hombrecito pero ya no.
Nada más cuando tomaba se perdía pero después no, charlaba bien, conversaba sanao. Ese hombre ha peleao al Tío, no le ha llegao, gracias al hacha nomás. Después, el Tío aparecía... Sí, yo tenía un compañero que era don Rivera me dice, «vení venite, vení» dice. Trabajaba en un, había unos estantes largos, como de aquí ahí, donde había toda arma de bulonería, cuestión de la mina, todo, todo había ¿ve?, había uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis estantes así, y me dice, «vení, vení, ¿sentí el olor?». «No, le digo yo, ¿por qué?», «Mirá qué olor fuerte», me dice. ¿Usted lo conoce al zorrino? Bueno, así. Así más o menos o sea que cuando anda él, tiene el olor ése. Yo no he sentío ese olor, él me decía que hay, esa historia de que hay un fuerte olor, yo no lo he visto, él si lo ha visto. Lo veía. Pero no lo veía como un fantasma, ¿sabe como lo veía?, como un hombre rubio, un hombre rubio, con poncho de vicuña, todo, fumando, montones lo han visto, pero yo no lo he visto. A la madrugada lo veían, en un mirador. A don Francisco Velásquez, dice que estaba yendo y lo ha cruzado un hombre, poncho vicuña, rubio, sombrero, fumando dice que ha pasao, después que ha pasao casi se ha vuelto loco. Después en la mina lo veían, siempre lo veían, pero no lo veían fantasma, lo veían hombre, o será el coquena, no sé. Era un hombre de poncho ‘i vicuña, rubio.
¿Y cómo lo asocian ustedes, que era bueno, malo?
- Según ellos dicen que malo no era, lo veían, malo no, pari’que va decir que iba y lo atropellaba a ellos. No, malo no era, lo veían así nada más, lo veían pasar así, lo veían venir y se esquivaban así y no veían nada. Era un hombre rubio, será coquena, mandinga, no sé. Mandinga únicamente un solo hombre, un tal Guzmán me dijo que ha visto un hombre con pata de gallo, y ese puede ser mandinga, pero en el túnel, eso ya abajo perforando estaba ahí un hombre de pata de gallo dice. Y lo que veían más era un hombre rubio, un hombre rubio, con poncho de vicuña, sombrero, todo, fumando venía...
¿Nunca le han hablado, le han comentado, eso?
- No, claro charlar, nadie se animó a charlar. ¿Veían?, sí lo veían. Casi todos los mineros dicen que lo han visto. Si una vez en el polvorín, había una época de escasez de agua, han colgado una bomba así para bombear del cañadón al campamento y han puesto de sereno a dos, tres hombres. Un tal Velásquez de La Quiaca estaba de sereno de turno de la una de la mañana hasta las ocho de la mañana. Ese señor se ha loqueado. Dice que, hay así un cañadón pues, dice que venía un tropel con cuatro, cinco mulas dice que pasaba por ahí, ¡talán talán!, pasaba’ pa’ abajo. El otro compañero ya no quería ir solo porque dice que ya se había asustao. Es que un hombre, así como le cuento a usted, un hombre rubio, con poncho ‘i vicuña, todo, con carga. Y ese señor, dice que ha bombeado el agua y dice que estaba sentado y ha empezado a sentir el ruido, talán talán, las campanitas y eran tres mulas o cuatro mulas cargadas y ha pasado el hombre por ahí y él estaba sentado calladito ahí. Y los changos le dicen, «¿porque no le ha hecho asustar a la mula que largaban una carga de plata?». Y él decía: «Eso no, eso no», decía. Y finalmente ese joven se ha querío trastornar porque lo ha hecho asustar, no solamente lo ha visto la primera vez, sino que un montón de veces lo ha visto. «Siempre pasa» dice, «el señor viene de allá, pasa, se viene para acá con las cargas, tres, cuatro mulas bien cargadas, con campanitas, ¡talan, talán, talán!». El hombre ese lo ha visto, bien, bien le ha visto, son petacas. Ahora ¿el mandinga? no sé, propio, propio no sé, yo veo que le ven al hombre rubio. Cansado de ver la gente, al hombre rubio.
¿Usted fue a «pagar» al Tío en el mes de agosto?
- No. Adonde han suspendido la challada dicen que una vez, en una chimenea habían ido dos hombres y han muerto ahí, cuando hagas eso dice que salía, dicen ¿no estará challando? Y se han dormío, la chimenea estaba ahí cerquita y cuando hagá, venía un viento, no sé, han encontrao muerto a los hombres, han aparecido muertos y se ha suspendío la challada. No más challada en la mina. Así que yo me vine y era prohibido. La gente metía faltando una semana, escondido metía un alcohol, un vino pa’ la mina. No se podía challar, porque pasan cosas, muchas muertes.
¿Y sabían cantar en carnaval don Domingo?
- Había una comparsa, la «Juventud Alegre», «Flor de Lirio», que eran famosas. Orquesta de allá de Bolivia venían. Sí, porque había mucha gente boliviana antes, dice que antes con los gringos han empezado a tomar en la mina mucha gente boliviana y esa gente ha quedao, cuando yo he entrado ya eran señores, tenían su familia, y muy lindo el carnaval, muy lindo.
¿Cuando estaban en el campo salían a cantar? ¿Caja?
- En el campo sí, era costumbre la caja, la mejor música era la caja y el erquencho, las cajeadas. No había acordeón, nada, la mejor música en el campo era la caja, la mejor música.

